¡La suerte está echada!

Hoy han nacido dos niños a la misma hora, pero no en el mismo sitio, ni en el mismo continente. Ni son ni serán iguales jamás, aunque los dos son de la misma raza, nuestra raza, la humana…

Está escrito en algún sitio, que ambos son semejantes y que tienen iguales derechos y obligaciones. Se llama: “La Declaración Universal de los Derechos Humanos” y al ojear el documento de 1966, (¿te lo has leído alguna vez?) la boca se te va abriendo poco a poco y un enorme pan de cinta podría caberte por ella tras los primeros artículos…

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Está claro que ésta raza nuestra alberga en su interior, de manera intrínseca, un incumplido anhelo, y que tras siglos y siglos de tratar de alcanzarlo en vano, al menos, en un momento histórico, fue capaz de reflejarlo en un documento.

Claro que con la altivez que nos caracteriza, los responsables del asunto entonces, nombraron al recién parido pergamino como: “Declaración Universal de los Derechos del Hombre”

El rimbombante nombre no deja de ser una enorme Falacia, además de definir la poca humildad de una raza que preconiza tales derechos y los califica de “Universales”, cuando ni siquiera es capaz de garantizarlos  en una ridícula parte del mismo, tal es éste microscópico planeta llamado Tierra.

A la vista de tales circunstancias, he decidido darle al panfleto (solo para uso entre yo y mí mismo) otro nombre más acorde con su creación: Lo llamaré “Declaración de intenciones y sueños de algunos seres humanos para todos los seres humanos”…

Uno de los niños que ha nacido hoy, lo ha hecho en un pequeño pueblo de Bélgica. Ha sido recibido con cariño por su familia que lleva un tiempo ilusionada y anhelante de ver su nueva sonrisa. Sus necesidades físicas y fisiológicas serán cubiertas de inmediato y más tarde tendrá acceso a la educación, a la cultura y a todo el conocimiento acumulado a través de los siglos, con la única limitación de su propio interés y capacidad. También a los recursos materiales que necesite durante el transcurso natural de su existencia… Este niño ha nacido con una mayoría de la lista de “Derechos” más o menos garantizados…

El otro niño, pobrecito él,  pertenece otra gran parte de la raza humana. El azar ha querido que naciera en un campo de refugiados de los que se encuentran diseminados por el cuerno de África. Su escuálida madre apenas tiene leche en sus pechos para alimentarle. Nadie ha celebrado especialmente su nacimiento y el pinchazo del hambre, la suciedad y los parásitos van a formar parte de sus sensaciones desde hoy. ¿Quién va a preocuparse de que pueda tener acceso a nada que no sea buscar como pueda un mendrugo de pan con que calmar el maldito y constante aguijón que traspasa su estómago a todas horas…?

Ignoro si hay alguien, ángel o demonio, con la responsabilidad de decidir qué niño va a nacer en cada uno de los dos sitios, pero el trabajo más desagradable que uno pueda imaginar, es mejor que éste.

Según la “Declaración de intenciones”, todos los niños (dice hombres, pero los hombres son niños cuando son alumbrados…) nacemos libres e iguales y tenemos los mismos derechos sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión, origen, nacionalidad, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición… Así mismo somos acreedores por el único hecho de nacer seres humanos, a la vida, la libertad, la seguridad y a no estar sometidos a esclavitud ni a tortura…  ¡Y a tantas otras cosas…!

Al leer la solemne declaración, te das cuenta de que por el simple hecho de haber nacido “Ser Humano”, un buen número de tales derechos, al igual que a ti,  a ellos también les corresponden, pero la ambiciosa declaración no ha dejado dicho quién es el garante  de tales derechos y a quién hay que reclamar cuando no aparecen por ningún sitio.

Aquellos que la proclamaron, no dejan de pertenecer a la misma raza que durante siglos y siglos ha dedicado la mayor parte de su tiempo y esfuerzo a lograr justamente lo contrario. Conquistar y someter. Esclavizar y privar a otros de su dignidad y de sus recursos. Discriminar por razón de sexo, raza, religión, etc…

A casi todos los pueblos de nuestro planeta no les ha temblado ni les tiembla el pulso a la hora de despojar a otras gentes de sus recursos y cultura; en muchas ocasiones a través de la muerte y del exterminio y en otras muchas reduciéndolas a la sumisión y a la esclavitud…

Desgraciadamente, esto sigue siendo hoy un hecho constatable, y la misma raza a la que se le llena la boca con tales intenciones y que graba las grandilocuentes declaraciones en documentos solemnes, es la que vende a los tiranos ansiosos de poder y despilfarro, las armas y medios con que éstos consiguen sus objetivos. Y todo a cambio de estrategias e influencias para estar en mejor situación desde la que defender las prebendas y beneficios de los que gozan. O en el más triste de los casos, para tener acceso a recursos y medios con los que seguir manteniendo de manera inconsciente, (como el avestruz la cabeza en el agujero) un sistema de vida imposible y de futuro incierto.

¿Estamos solos en el Universo? Parece ser que “Sí” es, hoy por hoy, la cruda realidad. Los gritos tecnológicos lanzados al espacio solo recogen como respuesta el silencio más absoluto; la posible y buscada vida exterior nos resulta en éstos momentos tan inalcanzable como nuestros deseos de igualdad. Solo una cosa es cierta desde que el ser humano existe y al menos hasta hoy: nacemos desnudos y sin nada y de  igual manera nos marchamos el día de nuestra muerte.

Los dos niños que han nacido hoy, lo han hecho en igualdad de derechos, pero su vida en ése breve lapso de tiempo que va desde éste nuevo día, hasta el día de su muerte, no será igual… ¡De ninguna de las maneras! En el reparto de la baraja, a uno le han tocado “los Oros” y al otro le han tocado “los Bastos”. Y ésto, que siempre ha sido así, no parece que, a pesar de los sueños y esfuerzos de muchos vaya a cambiar. Para los seres humanos que no ven cumplidas las expectativas que le son deseadas, las reclamaciones solo pueden hacerlas, en el mejor de los casos, al “maestro armero”…

Pero a la postre, sí que va a tener sentido dicha declaración. Porque uno puede leerla y sentir mientras lo hace, el sueño que animo a muchos hasta verla escrita y reconocida… y entonces,  no puede dejar de preguntarse, si: ¿No seré yo el garante de dichos derechos? Si lo que tengo de más ¿No será en realidad lo que a otros les está faltando?

Y si no soy yo ¿Quién va a llevar tales beneficios a aquellos que han sido privados de casi todo, por el mero hecho de haber nacido en otro sitio…?

En éste convulso mundo que habitamos desde hace tantos siglos, no podemos llevarnos a engaño; lo único que se levanta por encima de nuestras cabezas, es el deseo de muchos por hacer de él un lugar mejor. Un sueño que tiene vida propia y engancha las conciencias de innumerables habitantes de nuestro planeta, que vista la realidad de nuestra historia, de nuestros actos y de nuestro incierto futuro, desean dedicar su sacrificio en lograr un mundo, que a lo peor tiene que ser, visto lo visto, un poco “menos humano”, … ¡¡PERO DEFINITIVAMENTE MEJOR!!

Tanto si crees en algún Dios, como si no, sí existe alguien que puede hacer todo esto posible; es el que te mira cada mañana desde el otro lado del espejo…

 Por Giovanni Mikaello

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