Ha fallecido un queridísimo animador de los Encuentros Misioneros Silos

Me llamaste ayer noche. Gracias, Ana. Tu voz traía resonancias más completas de la figura de Luís, no muy abundante en el género, espléndida en la especie, muy rica en el ministerio eclesial de animación, al que sirvió con una nota muy suya: alegría cercana, aguda, sin histrionismo. Gracias, Ana. A tu tarea en la Dirección Nacional de OMP unes tus orígenes, tus padres y hermanos, tu Silos familiar y cristiano. Desde esas vertientes, que todas las tiene el nombre de Luís, me llamabas para decirme: “No sé si lo sabe. D. Luís Cuartero ha fallecido ayer”.

Pues, no lo sabía. He entrado en el correo, como hago todos los días temprano, y nadie me lo ha comunicado. Yo seré eco de tu aviso. Lo seré desde ese ángulo desde el cual deseas que yo me acerque a Luís. Desde su amor por la animación misionera. Es el ángulo común a ti, a Luís, a nosotros.

Conocimos a Luís – en este plural no busques ninguna resonancia ampulosa – cuantos contamos los años por experiencias cristianas y misioneras en los Encuentros Misioneros Silos, antes de que Mons. Capmany lo llamara para hacerse cargo de la Dirección Nacional de la Infancia Misionera, al faltar D. Dionisio Toledano.

A Luís lo recordamos en los Encuentros Misioneros Silos, desde Verano Mundo Nuevo, pasando por Operación Futuro y sus marchas, hasta madurar en el Congreso Nacional de Jóvenes Cristianos. En él Luís era la voz desde la megafonía; a ella dedicó un artículo, colaborando así con los más de ochenta que firmábamos el libro editado al cumplir los EMS los veinticinco años.

El Congreso fue un momento decisivo en la apuesta por la animación misionera. La idea brotó en el marco de las Semanas Españolas de Misionología: Que en el año 1985, Año Internacional de la Juventud (AIJ), tuviésemos un Congreso Nacional de Jóvenes cristianos. Nos atrevimos a invitar a todos los grupos cristianos, que contaban con miles jóvenes, a decir sin remilgos “JESUCRISTO, HORIZONTE PARA EL JOVEN”, a decirlo de mil maneras, con esa creatividad desbordante, cuando la mueve el amor que viene de Dios. Ese atrevimiento fue motivo de dura corrección. Por lo que pude saber después, la acusación que, sin saberlo nosotros, estaba catalogada por alguien como pecado, era habernos atrevido a crear las ACU – Asociaciones Cristianas Unidas – para ofrecer juntas un espacio de comunión desde el que gritar esa verdad tan elemental, tan antigua y tan nueva de que Cristo es para el joven horizonte de plenitud, como son siempre los horizontes, si se miran desde lo alto.

De ese pecado tú, querido Luís, fuiste la voz en el servicio de Megafonía. En tu artículo, que acabo de leer, definías así el Congreso: “… día a día, hora a hora, siendo reloj, llamada, alegría, proclamación, encuentro, fiesta, ¡vida!… y al mismo tiempo, silencio, susurro, reflexión, sugerencia, inquietud, apertura a la ¡vida! Sí, porque no hay que fijarse en la materialidad del servicio, sino en su finalidad más profunda: provocar a la fraternidad evangélica desde la convivencia vivida de la filiación divina, para impregnar nuestro pequeño mundo con el mensaje de las Bienaventuranzas, haciendo realidad el Reino, activando, por el Espíritu, la civilización del amor”.

En esta mañana, después de haber celebrado la Eucaristía contigo y por ti, pues Él se encarnó por nosotros, pecadores, en nombre de Cristianos sin Fronteras, y en el de tantos que contigo compartieron tiempo, ilusión, alegría, alegría en los EMS, te dedico este recuerdo agradecido a tu colaboración.

Lo que firmabas en tu artículo eso, nada más y nada menos, era lo que buscaba el Congreso, lo que buscaban por caminos diversos todos y cada uno de los Encuentros Misioneros Silos, lo que seguimos buscando. ¡Gracias, Luís!

 

José Valdavida Lobo,  Secretario de CSF