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En nombre de todo el equipo noviembre-enero (Aída, Raquel, María, Nieves y Mery) os comparto cómo fue nuestra experiencia navideña.

Primera pregunta: ¿por qué os fuisteis en Navidades? Primera y única respuesta de las 5: ¡¡¡y por qué no!!! Se nos planteó la maravillosa oportunidad de poder formar parte del equipo Malawi Salud de noviembre a enero y así comenzar otro año lleno de proyectos. Otros años, el primer grupo viaja a Malawi abriendo camino en enero, pero este año fuimos a probar suerte en Navidades, ya que es el inicio de la época de lluvias y con ellas las epidemias. Así fue como 5 personas que no se conocían previamente, emprendieron camino a Lilongwe a trabajar y pasar las Navidades de una manera distinta y claramente inolvidable. Cabe destacar que en este primer viaje de la temporada nos acompañaron durante los primeros 15 días Carmen (coordinadora del proyecto) y Siro (enfermero que había dejado allí su granito de arena en 2015), y ¡vaya regalo fueron para nosotras! Nos abrieron camino en Lilongwe y en el Kamuzu Central Hospital (KCH), pero sobre todo nos impregnaron de la esencia del proyecto en el propio terreno. Se nos creó un gran nudo al despedirlos; el grupo y la casa se quedaron muy vacíos, porque aunque sólo son 2 personas, son muy grandes por su presencia y  su corazón.

Día a día, con tanto trabajo y tantas emociones en el KCH, nos fuimos haciendo un hueco en el hospital y, más importante todavía, en el equipo local. Pasaban las semanas y se acercaban fechas señaladas: Navidad y Año Nuevo. Fue entonces cuando nos enteramos de que todo se paraliza durante las 2 semanas de Navidad. Recalco, todo es todo. Las tiendas acortan horarios, los colegios cierran y también el hospital se queda bajo mínimos. Descubrir y conocer ésto fue lo que nos hizo entender la importancia de que haya un grupo de trabajo allí durante estas fechas tan señaladas.

Mientras en España es una época de celebración y de pasar los días familia, en el KCH está casi todo cerrado, todo debe esperar (hasta lo más grave, que no siempre espera) y el personal se reduce a menos de un tercio de la plantilla. Ahí es donde nuestra presencia durante la Navidad cobró sentido definitivamente. Aportamos trabajo y ganas de que los niños que tuviesen que estar ingresados estuvieran atendidos, y no fuesen las vacaciones navideñas quienes se interpusiesen en sus caminos. Trabajamos muchísimo esas semanas: desde las labores de pediatra y enfermera que veníamos desarrollando, hasta hacer de auxiliares, celadoras, intermediarias… todo valía porque no había nadie más. Fue el mejor regalo que pudimos tener: descubrir que de verdad éramos necesarias y útiles en esa época.

Visto lo visto, no hicimos más que repetir a Carmen y a Siro que no entendíamos por qué no habían ido otros equipos en Navidades, y la respuesta fue muy simple: no sabían de ese “caos navideño”. Pero como de todo se aprende, se ha tomado nota y se sigue construyendo el camino con la mayor ilusión de aportar granitos de arena a la gran playa. A pesar de todo también descansamos y celebramos a nuestra manera la Navidad. Sólo queríamos estar en sitios tranquilos, disfrutando de nuestro tiempo y conociéndonos.

No podemos estar más felices de haber celebrado la Navidad al estilo Malawita. En los últimos días en Lilongwe previos a nuestro regreso, las cinco coincidíamos en que la palabra que mejor definía la vivencia de esos meses era INTENSIDAD, en todos los sentidos. Llegamos cargadas de ganas, respeto y nervios y regresamos más grandes, más sabias y más felices. Como me dijo mi compañera: “juntos se llega más lejos; así, lo bueno es dos veces bueno , y lo malo, la mitad”.

Gracias por brindarnos esta oportunidad de aprender de la vida.

Zikomo Kwambiri.

Aída, Raquel, María, Nieves y Mery.

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